Enclavado en los Montes de María y circundado por hermosos manantiales, adornado por montañas se encuentra Colosó… Así canta una de las estrofas del himno de este municipio ubicado en Sucre, territorio en el que sus habitantes reconocen la importancia del trabajo e integración comunitaria.

Hace 15 años, habitantes del corregimiento de Chinulito fueron desplazados en medio de amenazas y hechos violentos que marcaron la memoria de quienes hoy han ido regresando a estas tierras. Este territorio designado, como muchos en la subregión de los Montes de María, como una zona de paso estratégico para favorecer el desarrollo de acciones armadas fue escenario de disputa entre distintos grupos armados, dada la riqueza de sus recursos y su naturaleza geográfica.

Así, a pesar de que años atrás Chinulito fue comparado con un pueblo fantasma, hoy ha ido recobrando la esperanza a través de la confianza y el trabajo que líderes y habitantes vienen realizando con el propósito de reconstruir su tejido social y emprender nuevamente en las tierras de sus ancestros.

Fruto de ese anhelo nace la construcción de un parque infantil para permitir a niños y niñas recrearse de manera segura. La acción, enmarcada en las actividades del programa Sumando Paz, liderado por el Ministerio del Trabajo con sujetos de reparación colectiva, es una Iniciativa con balance positivo que durante su desarrolló logró convocar a diversos actores de la comunidad obteniendo aprendizajes y hechos significativos.

Y es que no hay mayor certeza para unir a la comunidad que trabajar por los más pequeños, por ello Wilberto Luna, habitante del corregimiento e integrante de la Asociación Asochinulito, relata: esta idea nació con las madres comunitarias, es que en la reparación hay que tener también en cuenta a los niños, para que ellos vayan aprendiendo y tengan un futuro emprendimiento, pues este parque ha dejado un impacto al unir a las personas, ahora muchos traen a sus niños en la noche para recrearse.

Para la realización de esta Iniciativa, la comunidad se reunió y organizó el trabajo distribuyendo roles entre todos, y dispusieron la mano de obra para el montaje, realizando jornadas de aseo, dando color a las llantas y decorando el espacio, de manera creativa, con la participación de niños y niñas. Asimismo, se organizaron ollas comunitarias para brindar alimentos e hidratación a los colaboradores.

Así, con la participación activa de la comunidad desde todos los actores que la componen, se gestionaron recursos e insumos complementarios con otras entidades, lo que permitió identificar capacidades colectivas frente a la organización, responsabilidad, identidad y autonomía comunitaria, así como aprendizajes colectivos que contribuyen a reconstruir la autoconfianza e integración en el territorio.

La realización de esta Iniciativa permitió además reconocer por parte de la comunidad, la importancia de tener espacios dirigidos a los niños para fomentar la sana recreación, al respecto Jorge Abel Arroyo, participante de la actividad opina: “desde que empezó la violencia aquí, hace 20 años, no había visto un parque, es una bendición para los niños, ellos estaban locos por subirse, tocó cuidarlo durante un día para que no se subieran y que pudiese secar el cemento… Este parque es favorable para ellos, por ejemplo, yo tengo mi hijo y puedo estar pendiente de él aquí y de que no esté en otro lugar con  miedo de que le pase algo”.

Las Iniciativas con Balance Positivo se constituyeron en una posibilidad de reconstruir, de impulsar a a la comunidad a actuar unida, a organizarse, a creer en sus capacidades y saber que las soluciones a sus necesidades las encuentran allí: no necesariamente con grandes inversiones de dinero sino entre el trabajo del vecino, pinturas de colores, manos de excelentes cocineras y elementos, a veces, olvidados en el territorio.