“Ya es más fácil. Podemos andar un poco más tranquilos, se sienten como más seguros. La calidad de vida va cambiando poco a poco. Y va saliendo poco a poco ese temor. Se va desprendiendo de lo que quedó atrás”.

Sonia Rodríguez, víctima de desplazamiento. Tumaco (Nariño)

“Queremos transformar los productos que se dan allá, y con eso ayudar a generar empleo a otras familias desplazadas o personas en situación de vulneración. Brindarles la oportunidad que a nosotras también nos han brindado. Queremos capacitar a esas personas para que más adelante puedan hacer lo que nosotras hicimos. Servir como ejemplo para otras personas que están en la misma situación de nosotros, de que con esfuerzo sí se puede salir adelante”.

Doris Segura, víctima de desplazamiento, Tumaco (Nariño)

“Hemos llegado hasta aquí por las charlas de la FUPAD. Las primeras de psicología han sido muy buenas para mí, para aportar este transcurso de estas charlas conocí a mis amigas y ahora seguimos socias, emprendiendo, queriendo salir adelante y mejorar nuestra calidad”.

Dergenis Cabrera, víctima de desplazamiento. La Hormiga (Putumayo)

Para nadie es un secreto la violencia histórica que ha vivido el país, así como los territorios que se vieron afectados, muchos de estos convertidos en importantes corredores por los diferentes grupos armados al margen de la ley, a causa de su ubicación geográfica o por sus riquezas naturales. Por estas mismas posibilidades, en estas tierras también se originaron asentamientos de origen multiétnico y pluricultural, que como población vivieron las consecuencias de la guerra en Colombia, como el secuestro, desplazamiento, confinamiento, desapariciones forzadas, violación, entre otros delitos de lesa humanidad. Por eso, como víctimas, tienen derecho a una atención inmediata, que consiste en albergue temporal y asistencia alimentaria.

En este camino de asistencia humanitaria y acompañamiento psicosocial, para proteger su integridad y necesidades básicas, se detectó una voz constante de aislamiento y desatención del Estado, así como de falta de credibilidad en sus entidades. Por eso, además de acompañar, apoyar y proteger, desde la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD) se articularon estas acciones con las Iniciativas con Balance Positivo (IBP®), para contribuir con la solución de esta problemática y de otras que enfrentan estas comunidades víctimas del conflicto -algunas indígenas, campesinas o afrocolombianas-, que buscan abrir paso a cambios sociales.

Bajo estas iniciativas, y de acuerdo con la identificación de necesidades, se desarrollaron cinco: una en el municipio de Villavicencio, otra en Cali, una más en Buenaventura y dos en diferentes comunidades de San Andrés de Tumaco. Cada una de estas IBP® tenía como objetivos promover la participación, el liderazgo, la inclusión social, la adaptación al medio, la conformación de redes de apoyo, el fomento del arraigo a sus tradiciones e identidad, y la preservación de sus legados culturales.

El arte y la cocina como transformación

“Paz-cificadores”, una iniciativa de la Alcaldía llevada a cabo en Villavicencio, permitió la sana convivencia entre los jóvenes a partir de la conformación de grupos lúdicos de teatro, deporte, danzas, etc. Sobre esta misma línea de fortalecimiento, en Cali, el teatro fue la elección de jóvenes afros, para alcanzar la reconciliación y la paz. En Buenaventura la necesidad identificada fue la adecuación de espacios deportivos, como una forma para la construcción de una sana convivencia.

Pero el arte y el deporte no fueron las únicas iniciativas, el montaje de una huerta comunitaria para el cultivo de plantas medicinales y condimentarias también se convirtió en un anclaje integrador de la comunidad La Meseta Río Dagua, del resguardo indígena Waunana, del corregimiento de Guadualito, pueblo Eperara Siapidara. Además, como acción comunitaria, un grupo de mujeres afrodescendientes, provenientes de Tumaco, le apostaron a su estabilización socioeconómica a partir de la recuperación de sus tradiciones culinarias, por lo que iniciaron su propio emprendimiento: un restaurante, en el que integraron sus conocimientos y habilidades gastronómicas para el deleite de su comunidad receptora, Cali, a la que también maravillan con sus artesanías y muestras artísticas.

Educación con enfoque diferencial

Los niños y niñas de la comunidad indígena Inda Guacaray, del municipio de Tumaco, ahora reciben una educación con enfoque diferencial, que les permite preservar y afianzar su cultura, motivada en la necesidad de fortalecer su tejido social a partir del desarrollo de un material pedagógico en el que participaron los diferentes grupos poblacionales, así como sabedores y autoridades tradicionales. Estas herramientas, compuestas por loterías, rompecabezas y un árbol genealógico, y con textos en castellano y awá, ahora se encuentran en la Unidad de Atención del Programa de Primera Infancia, como parte de su dotación. Con este material, sumado a unas cartillas, esta comunidad encontró otro camino para preservar su historia, ya que recogió mucho de sus tradiciones orales.

¿Qué queda?

Reconstruir el tejido social es un reto que siempre se contempla cuando se trabaja con comunidades, que a causa del conflicto y en su condición de víctimas perdieron la confianza, el diálogo y el relacionamiento con el otro. El detonante para estos comportamientos podría decirse que es el temor. Por eso, lo que logra enseñar, recobrar y transformar en una comunidad las Iniciativas con Balance Positivo es la mayor retribución, ya que se crean lazos comunitarios y cambios sociales positivos a partir del buen uso del tiempo libre y la estabilización socioeconómica. Dos circunstancias que se replican en la generación de oportunidades de ayuda a otros y en el fortalecimiento de la salud física y mental de estos grupos afectados por la violencia.

En este trabajo la dinamización del diálogo, teniendo en cuenta las diferencias existentes entre los grupos poblaciones, es fundamental para rescatar los aspectos positivos y entender los negativos, y así lograr una cohesión para que en colectivo encuentren soluciones. Esto solo se logra cuando, al momento de reconstruir el tejido social, se dejan de lado la discriminación y la exclusión, y se da pie a la inclusión social. Este es el firme propósito del acompañamiento realizado por la FUPAD para producir, a partir del reconocimiento de semejanzas y diferencias, que tanto la comunidad de acogida como la receptora generen vínculos que les permitan una sana convivencia y el unir esfuerzos para conseguir el desarrollo de sus territorios.