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Perdón con aroma de café

 

Ante los asesinatos ocurridos en veredas aledañas a Minipí de Triana y el asedio de los grupos armados al margen de la ley, Idaly Miranda y su esposo, José Emilio Rueda, decidieron dejar su tierra el 20 de enero de 2001. Eran tiempos de miedo en el municipio de La Palma, Cundinamarca. Miles tuvieron que huir: se calcula que ese año, de acuerdo con el Registro Único de Población Desplazada (Rupd), se desplazaron unas 986 personas y un año después lo hicieron unas tres mil.

Pero Idaly siempre quiso regresar a La Palma. “Cuando sentimos que estaba un poco más calmada la situación, decidimos volver a la finca y recuperar lo perdido”, dice. Su decisión nació del perdón: “Aprendimos a perdonar, a decir ‘ya no más’ y a olvidar; ahora nos enfocamos en el futuro, en las nuevas metas y los nuevos proyectos”, agrega esta líder de la comunidad.

Hoy, ella y su esposo construyen sus sueños a partir del café. Con el incentivo de Proyecto productivo que recibieron, fortalecieron su cultivo y su producción. “Después de haber regresado, decidimos innovar la variedad de café que teníamos. Se logró adquirir una semilla de muy buena calidad de café Castilla, que además es muy rentable”, comenta José.

Para él, retornar ha valido la pena: “Seguimos sembrando y progresando”. Para Idaly, la integralidad del programa les ha permitido alcanzar sus metas y continuar por el camino de producir “un café de excelente calidad”.